Complicaciones oculares de la diabetes

 

Complicaciones oculares de la diabetes

La diabetes es una enfermedad metabólica muy severa que afecta a todo el organismo. El mantenimiento de niveles de glucosa (azúcar) en sangre por encima de los límites normales daña, sobre todo, a los vasos sanguíneos y a los nervios. Así, a lo largo de la evolución de la enfermedad pueden aparecer lesiones por falta de riego, sensibilidad en las extremidades y se incrementa el riesgo de infarto y de accidente cerebrovascular. Sin embargo, los dos órganos diana de esta enfermedad son el riñón, con riesgo de insuficiencia renal, y el ojo.

La exploración ocular periódica no sólo nos posibilita diagnosticar de forma precoz la aparición de una lesión ocular, sino que nos permite acceder al interior de nuestro organismo, pudiendo deducir el estado de los vasos en otros órganos como riñón o corazón.

En la actualidad, la diabetes es la primera causa de ceguera en el mundo desarrollado. Afecta a la estructura más sensible del ojo: la retina, produciendo la retinopatía diabética. La retina se encarga de captar las imágenes que percibimos para después transmitirlas al cerebro. Se trata, por tanto, de tejido cerebral y, como tal, no se puede regenerar o trasplantar, por lo que su lesión lleva generalmente a una pérdida de visión. Una de las regiones de la retina más sensibles a la retinopatía diabética es la mácula, el centro de la visión, que nos permite definir los rasgos de las personas o leer.

Retinopatía Diabética moderada con edema macular

¿Qué podemos encontrar en la exploración oftalmológica de un paciente diabético?

La diabetes es una enfermedad “traicionera”. El paciente puede encontrarse bien durante muchos años y, en el transcurso de unos pocos meses, desarrollar sucesivas complicaciones. Esto se debe al carácter progresivo de la lesión. Si se descontrolan de manera permanente los niveles de glucosa en sangre, se originan a nivel de la retina hemorragias, dilatación de los pequeños vasos sanguíneos por alteración en su pared (microaneurismas), permeabilidad en los mismos y encharcamiento (edema), salida de triglicéridos, colesterol y proteínas (exudación) y, finalmente, en casos muy severos, el cierre de los vasos con la consecuente isquemia o falta de riego.

Las zonas muertas de la retina generan sustancias (entre ellas, el factor estimulante del crecimiento endotelial-VEGF) que causan la aparición de nuevos vasos sanguíneos (neovasos) con el objetivo de recuperar el aporte de nutrientes y oxígeno. Sin embargo, estos neovasos, por su formación rápida y sin orden, tienden a sangrar, produciendo graves hemorragias en el interior del ojo; a obstruir las vías de drenaje de la presión ocular, generando glaucoma; o a traccionar la retina, pudiendo producir, en los casos de mayor severidad, un desprendimiento de la misma.

Así pues, el diabético puede perder la visión por dos mecanismos:

1. Por edema de la mácula, conocido como edema macular diabético, que impide al paciente leer, firmar o reconocer los rasgos de las personas (es decir, hay una pérdida de la visión central).

2. Por proliferación de neovasos o retinopatía diabética proliferativa, responsable de los déficits visuales más severos, pudiendo llegar a la ceguera completa.

Pruebas especiales para el control y seguimiento de la retinopatía diabética.

Además del control periódico semestral o anual del fondo de ojo de los pacientes, tenemos múltiples técnicas que nos ayudan en el diagnóstico y seguimiento de esta patología.

Angiografía

La angiofluoresceingrafía (AFG) es una prueba diagnóstica de contraste que nos permite detectar las lesiones no visibles en un control de fondo de ojo, así como orientarnos para el tratamiento de las mismas y realizar el control evolutivo de la enfermedad y de los tratamientos aplicados.

La tomografía de coherencia óptica (OCT) es una prueba no invasiva que nos permite valorar mediante un corte

bidimensional las lesiones existentes a nivel del área macular, ayudándonos en el seguimiento del edema macular.

 

Tomografía de coherencia óptica